Es prácticamente la historia viviente del VIH en el Perú, sin tener un diagnóstico positivo. Mamá Lila acompaña desde hace 30 años a las personas que viven con el VIH, dejando atrás prejuicios sociales de esta condición crónica de salud.

Escribe: Marlon Castillo / Conexión Vida 

Lima, Perú.- Lidia Castro Rojas, o simplemente “Mamá Lila”, hoy cumple 94 años de vida. Lleva en su envejecida piel una historia que muy pocos pueden narrar con tanto detalle.

Mamá Lila, llegó al Perú de su natal Chile en el año 1956 y los últimos 30 años, los ha dedicado en ser la mamá de cientos de niños, jóvenes y adultos que viven con el VIH y han pasado por sus sabios consejos.

Formó junto a su hija Lila Castro la primera organización de personas con VIH en el Perú. La denominó PROSA “Grupo de Soporte de Autoayuda para Personas Seropositivas”. PROSA nació durante una época que muy pocos se atrevían a mencionar la palabra Sida, pero tampoco conocían qué significaba. En aquellos años donde todos llamaban al Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida como “Peste Rosa” y una infección estrictamente de homosexuales.

Tras batallar varios años para hacer entender que todos y todas somos vulnerables al VIH y tratar de erradicar mitos  con una alta carga de discriminación y prejuicios, Mamá Lila inició en su consultorio de consejería un arduo trabajo formativo en derechos de las personas que viven con el VIH. Constituyó la autoayuda, como la única medicina para controlar la muerte de cientos de personas que llegaban a PROSA, muchos de los cuales fallecieron.

Recibiendo el reconocimiento del Ministerio de Salud, en el 2012 / Foto: Marlon Castillo

También ha sido partícipe de los hitos que ha logrado su trabajo en favor de los derechos de las personas con VIH en el Perú; como por ejemplo una ley para favorecer la confidencialidad del diagnóstico (Ley 26626) o la entrega de medicamentos en el Ministerio de Salud (MINSA).

En el año 2012, su trabajo fue reconocido por el MINSA, durante una ceremonia especial previo al Día Mundial de Respuesta al Sida (1 de diciembre), en la sede de las Naciones Unidas en Lima. También ha recibido otros premios  y reconocimientos en Chile, por su dedicación y entrega hacia las personas que viven con el VIH.

Ahora, que se encuentra alejada de su consultorio, donde dos veces por semana brindaba una esperanza de vida a decenas de personas, sin embargo, a sus mas cercanos hijos, le sigue dando consejos y hasta les dice sus verdades sin anestesia, para causar cambios en ellos.

Por ahora dedica parte de su tiempo a tejer ropones y colchas, que luego son donadas a albergues e iglesias donde existen niños de extrema pobreza. Ya sea con su palabra o con sus tejidos, sigue abrigando a quién lo necesita.

Mamá Lila, siempre refiere de aquella mística que la llevó a ser la mamá de las personas que viven con el VIH: “El don de servir y dar amor”.

De carácter fuerte, pero a la vez amorosa, me permito hablar de Mamá Lila, no sólo porque hoy es su cumpleaños, sino porque me fascina su trabajo y el amor hacia los demás que entrega sin interés.

Llegar a su casa y charlar tomando un café, resulta una gran experiencia. Mamá Lila, tiene infinidad de anécdotas, historias tristes, alegres y hasta asombrosas que desea plasmar en un libro, como parte de sus memorias.  “Vamos a escribir el libro, mi chiquitito” me dice cada vez que miramos los álbumes de foto que guarda como un gran tesoro en su casa.

Creo que aún no es tiempo para escribir ese libro, cuando todos los que tenemos  el privilegio de compartir junto a Mamá Lila, seguimos aportando a su propia historia de vida  y ella a la nuestra. Aún tenemos varios años para seguir llenando esas páginas de vida con sus valiosos consejos en nuestro corazón.

Feliz cumpleaños, Mamá Lila.