‘Moonlight’: ganadora del Óscar 2017 que narra la pobreza, afrodescendencia y homosexualidad

Foto: Difusión

‘Moonlight’ ofrece un sensible retrato sobre qué significa crecer como chico gay y afroamericano

No fue una ceremonia más de los premios Óscars. El trofeo principal de la noche era para la película La La Land (que venía arrasando hasta ese momento con 6 premios) y sus realizadores subieron incluso al escenario y empezaron a hablar. Sin embargo, poco después se mostró a cámara que el sobre correcto (se había entregado a los presentadores uno equivocado) decía en verdad Moonlight (Luz de Luna), por lo que finalmente fue  Barry Jenkins (director de la película) y su equipo quienes terminaron festejando.

Luz de Luna, film sobre la historia de un niño (luego adolescente y finalmente adulto) de origen afroamericano, gay y de clase baja rodada con apenas 1.500.000 dólares de presupuesto, se quedó no sólo con el premio a Mejor Película sino también con las estatuillas a Mejor Guión Adaptado y Mejor Actor de Reparto (Mahershala Ali). Así, la Academia de Hollywood terminó consagrando a una película de artistas negros tras las fuertes controversias de los #OscarSoWhite del año pasado. Un claro mensaje por la diversidad y la aceptación.

Partiendo de semejante escenario, ‘Moonlight’ podría haber sido el enésimo drama de realismo social en torno a un chico marginado, aquí además por partida cuádruple: Chiron es negro, pobre, cuasi huérfano y gay. Barry Jenkins prefiere mover su película por el terreno de un cine ‘indie’ de aliento poético que toma como principal referente la obra de Wong Kar-wai. En ‘Moonlight’, pesan más los pequeños detalles y las elipsis que las escenas de mayor dramatismo, como aquellas con la madre pasada de droga o las palizas que le propinan los compañeros de escuela. Jenkins filma desde cierta oblicuidad estos momentos que remiten a un imaginario más habitual de la vida en el gueto.

En ‘Moonlight’, pesan más los pequeños detalles y las elipsis que las escenas de mayor dramatismo.

En cambio, se sumerge de lleno en el retrato emocional del protagonista, un chico cuya identidad va forjándose a lo largo de la película. No por casualidad, hasta tres actores dan vida al personaje principal en los tres diferentes episodios en que se estructura el filme: además de Hibbert, Ashton Sanders encarna al Chiron adolescente y Trevante Rhodes, al adulto. También su nombre varía, de apodarse Little en su infancia pasa a llamarse Black cuando es mayor. A lo largo de sus tres edades, Chiron se mantiene como un hombre taciturno que, debido a la presión del entorno, no ha llegado a exteriorizar de forma plena su identidad. Ya de mayor esconde bajo la típica apariencia ‘gangsta’ una sensibilidad que poco tiene que ver con la imagen de tipo duro. Aunque la figura del fuera de la ley afroamericano y gay no es nueva en la ficción contemporánea, ahí tenemos a Omar Little (Michael K. Williams) de ‘The Wire’, serie televisiva pionera también en este aspecto, Jenkins la muestra en toda su fragilidad.

En un año en que hemos podido disfrutar más que nunca de películas y series afroamericanas, ‘Moonlight’, como a su manera también lleva a cabo la espléndida ficción televisiva ‘Atlanta’, de Donald Glover, no se centra tanto en la experiencia de negritud en un entorno blanco hegemónico y opresivo sino en la presencia conflictiva dentro de la propia cultura negra de una identidad diferente. La película pone en evidencia el peso de una concepción tradicional, agresiva y excluyente de la masculinidad, que obliga al protagonista a moverse siempre al margen de esos grupos de chicos que reafirman su estatus de machos hostigándole.

Sensible y acertada en muchas de sus elecciones narrativas (hay pocas películas en que pesen tanto las elipsis), ‘Moonlight’ resulta menos sorprendente de lo que nos vende la crítica estadounidense en su aspecto formal. De acuerdo que la perspectiva sobre la vida en el gueto. se distancia de las miradas habituales. Pero Jenkins tampoco va más allá de llevar a cabo un filme de estética ‘indie’ perfectamente reconocible. No se lo reprochamos: la película tiende a una bella y emotiva discreción a tono con la del propio personaje.

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