No tenemos nada que celebrar aún

Acuarela de Lima a finales del siglo XVIII. Letras Históricas

Porque el verano, fue la estación del año en el que Lima quiso sentirse más importante que el Perú. Una reflexión sobre los acontecimientos de los últimos meses.

 Escribe:  Diego Quispe Sánchez / Conexión Vida

Se despide como vino. Entre pifias y malhumores. Entre rechazos y sin esplendor. Entre regañadientes y maldiciones. Nadie lo quiere. En algún momento quizá hubo una atracción hacia él. Un gusto efímero. Esos que se olvidan a la velocidad de la luz correspondientes a la susceptibilidad del hombre y sus placeres. Aquí nadie lo estimó durante los ciento once días. Nadie recordaré el sudor que produjo. Los enrojecimientos de piel. Tampoco el sudor y luego los olores en el transporte público. Todos aplaudirán verlo de a poco escapando. Reduciendo el ambiente para las larvas nocturnas. Si la naturaleza se apiada de esta ciudad, la segunda más contaminada de América Latina, al transcurrir los bloqueadores de radiación quedaran en desuso. Abandonados. Indiferentes. Silenciosos e inútiles.

Porque hoy la ciudad de Pizarro, el único personaje a que, Alan García rendiría culto. La ciudad de la migración. La metrópoli con la tercera parte de población del Perú. La capital abarrotada en humo gris automovilístico, despide el verano. Despide sus escalas de 33 a 38 grados. Despide pero a la vez recibe aburrida e indignada el otoño. ¿Qué culpa tiene esta parte del año de pagar los pecados de su antecesor? ¿Qué culpa tiene de ser calificado como una transición al frío? .

Antes de terminar el conteo, de llegar al 21 de Marzo, cabe recordar que, el verano. Nuestro verano sofocante. No solo fue así por sus temperaturas. Fue también por lo acontecido en el país, por sus piedras y bombas molotov lanzadas en Puente Piedra. Fue así por el periodista que arriesgó un ojo por la primicia: Atoq. Este verano será recordado como el tráiler de la catástrofe. La etapa de los peajes, del reaccionarismo. Ese que movilizó retando a miles de religiosos guiados por pastores, congresistas y periodistas contra el enfoque de género. Sin importar la sensación térmica de 40 grados. Y además, sin importar que existe ciudadanos tres veces más propensos a violencia física por orientación sexual.

Porque el verano despidió a un ministro. A uno que ahora ocupa una presidencia – en el mismo sector – dentro del Banco Mundial. Para refunfuñar, dirá el fujimorismo. Para reír, quizá responda mentalmente Saavedra. Jaime Saavedra, el ex titular del Minedu que heredó una bomba de tergiversaciones a Marilú Martens.
Porque el verano, fue la estación del año en el que Lima quiso sentirse más importante que el Perú. Deseó pero no pudo. Tanto a los olvidados y a quienes olvidan, la naturaleza les brindó una lección durante casi diez semanas.

Composición / Fotos: Perú.com y Caretas

Una lección similar, y que debió ser aprendida en enero y febrero en Chosica. ¿Cuánto costará la prevención? No señalo las infraestructuras, sino las acciones, las actitudes y  muy probable, en las pesadillas que tengo sobre esta ciudad aterrada por la carencia de agua. Asustada y apagada por no tener los privilegios que el modelo les brindó; recapitulo que la capital peruana y sus diversas regiones no fueron discriminadas por el calentamiento global. Si en algún instante de la marcha demandante de protección a los niños nunca se tomó en cuenta ello. Fueron semanas después en que un niño climatológico castigó la irreverencia, la falta de políticas públicas frente a fenómenos naturales y quizá, premió el producto del mediatismo, y a la sobrevivencia del ministro Vizcarra.

Quien no se sabe si sobrevivirá en el otoño es Odebrecht y Toledo. No se sabe si García volverá al Perú (aunque utilizando los términos del ingeniero de Emape, José Justiniano: millones prefieren verlo caer, antes que desplomarse). De todas formas, esas millones de voluntades no alcanzan, no bordea siquiera la cantidad pagada por coimas de parte de la empresa brasileña. No alcanza siquiera para traer al exlíder de Perú Posible a responder a nuestra justicia. Si puede llamarse así.

Queda claro, fue un verano del desquicio. Uno similar que movilizó un sujeto a disparar brutalmente en un centro comercial de Independencia. La locura, la ira, el rencor, el resentimiento y la desolación de familias. La muerte de cinco ciudadanos en el norte de una ciudad carcomida.

No hay puentes entre la empatía y la tragedia. No hay puentes entre la justificación entre la prevención y el alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio. A quien el otoño debería derramar las hojas marchitas de la imprudencia. Aquella que él tuvo para destinar el 83% del presupuesto de emergencias para la Costa Verde.  Pero, ¿en qué se parece lo sucedido en Lima durante el verano con Piura, Tumbes, Lambayeque, La Libertad, Ancash y otras regiones? . ¿Qué relación moral guardan las autoridades y representantes de estas ciudades costeras? Ojalá que al responder – ellos – o los pobladores a quienes representan y que votaron por sus candidaturas, puedan caminar sobre el asfaltado o verde otoñal, y no en el lodo de la indiferencia. Porque los ríos no solo arrasaron pertenencias, vidas y esperanza. Arrasaron con la confianza de la ciudadanía que ellos manipularon a su antojo en cada proceso electoral.

Mientras tanto, aquí estamos 21 de marzo. Bienvenido otoño, nadie guarda ilusiones contigo. Las ilusiones no abundan mucho por aquí. Hay presidente, expresidentes, congresistas, gobernadores y alcaldes que desde hace décadas ocasionaron la extinción de esa palabra. Que la naturaleza nos libre, o sino, la empatía que rodea a los refugiados que creen en un cambio; en que aún existe un mejor porvenir. Nuestra especie – racional y autodestructiva – tiene características similares a un huaico al fin y al cabo: arrastra cosas, ocasiona pérdidas, se reconstruye y al final de su camino – o vida – intenta dormir en el mar eterno. Una dimensión alejada pero no difícil de alcanzar. No tenemos nada que celebrar aún.

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