A qué precio algunos países han evitado sufrir de casos de Coronavirus

Islas del Pacífico.- Las fronteras de Palaos han permanecido cerradas desde finales de marzo y es uno de los diez países del mundo sin casos confirmados (contando sólo los países miembros plenos de Naciones Unidas y excluyendo a Corea del Norte y Turkmenistán).

Sin embargo, aunque no se ha registrado ni un solo caso, el virus de alguna manera sí ha devastado el país.

Según los datos recogidos por el FMI (Fondo Monetario Internacional), en 2017 el turismo representó el 40% del PIB del país.

Los hoteles están cerrados, los restaurantes vacíos y las tiendas de souvenirs no venden nada. Los únicos huéspedes que tienen ahora los hoteles son los residentes que regresan a la isla y están obligados a guardar cuarentena.

Antes de la pandemia, sus 54 habitaciones tenían una ocupación del 70% al 80%. Pero cuando las fronteras se cerraron, no hubo nada a lo que recurrir.

El hotel tiene alrededor de 20 empleados y los ha mantenido a todos, aunque con horario reducido.

“Trato de encontrarles trabajo haciendo otras tareas como mantenimiento, renovación, etc”, dice Brian Lee, gerente y copropietario del Hotel Palau. Sin embargo, los hoteles vacíos no pueden mantenerse ni renovarse para siempre.

Apoyo estatal

El presidente anunció recientemente que los viajes aéreos “esenciales” podrían reanudarse el 1 de septiembre.

Mientras tanto, ha habido rumores de que se instauraría un “corredor aéreo” con Taiwán que permitiría la visita de turistas.

Pero para Brian, la medida podría llegar demasiado tarde.

“Creo que tienen que empezar a reabrir de nuevo. Tal vez podamos tener burbujas de viajes con Nueva Zelanda y países del entorno”, dice.

“De lo contrario, nadie podrá sobrevivir aquí”.

El caso de las Islas Marshall

A unos 4.000 km al este a través del vasto Océano Pacífico, las Islas Marshall también permanecen libres de covid-19.

Pero, como Palaos, no tener casos también ha tenido un impacto.

El Hotel Robert Reimers se encuentra en una franja de tierra en el atolón principal, Majuro, con una laguna a un lado y el océano al otro.

Antes de la pandemia, las 37 habitaciones tenían una ocupación del 75% al 88%.

Sus huéspedes llegaban principalmente de Asia, del Pacífico o “el continente” (Estados Unidos).

Desde que se cerraron las fronteras a principios de marzo, la ocupación ha caído a entre el 3% y el 5%.

“Algunos de nuestros huéspedes vienen de las islas exteriores”, dice Sophia Fowler, que trabaja para el grupo hotelero.”Pero no muchos”.

A nivel nacional, se espera que el país pierda más de 700 puestos de trabajo en la recesión post-covid, la mayor caída desde 1997.

De ellos, 258 estarán en el sector de hoteles y restaurantes.

También la pesca

Pero el autoaislamiento afecta a sectores más allá del turismo, y las Islas Marshall dependen mucho menos de los turistas que Palaos. El problema para estas islas es la industria pesquera.

Para mantener el país libre de covid-19, los barcos que han estado en países infectados tienen prohibido ingresar a sus puertos.

Otros barcos, incluidos los buques tanque de combustible y los portacontenedores, deben pasar 14 días en el mar antes de atracar.

Las licencias de pesca están suspendidas y se ha rebajado el número de vuelos de carga.

Las Islas Marshall están especializadas en peces de acuario, el más popular es el pez ángel llama, pero las exportaciones cayeron un 50%, según un informe estadounidense.

El envío de atún sashimi se redujo en la misma cantidad. Otras industrias pesqueras esperan una caída del 30% durante el año.

En resumen, se puede mantener el virus fuera del país, pero luchar contra sus efectos en la economía es distinto. Así que al final el covid-19 te arrastra de una forma u otra.

Pero aunque el cierre de las fronteras ha empobrecido a los países sin casos de covid, no todos quieren salir del confinamiento.

El doctor Len Tarivonda es el director de salud pública en Vanuatu, otra isla del Pacífico con una población de 300.000 habitantes.

Aunque trabaja en la capital, Port Vila, es de Ambae, una isla de 10.000 habitantes a unos 275 kilómetros al norte.

“La mayoría de los habitantes [de Ambae] prefiere que la frontera se mantenga cerrada el mayor tiempo posible”, cuenta. “No queremos que la enfermedad llegue. Si sucede, básicamente estamos condenados'”.

Alrededor del 80% de la población de Vanuatu vive fuera de las ciudades y de la “economía formal”, dice Tarivonda.

El Banco Asiático de Desarrollo espera que el PIB caiga casi un 10%, la mayor caída de Vanuatu desde su independencia en 1980. Pero ese retroceso no se debe solo al cierre de fronteras por el covid-19.

En abril, el ciclón tropical Harold azotó gran parte del país, mató a tres personas y afectó a más de la mitad de la población. “Teníamos sesiones informativas diarias sobre operaciones de emergencia sanitaria”, recuerda Tarivonda.

“Primero discutiríamos sobre el covid, luego sobre el ciclón Harold. Dos desastres al mismo tiempo”.

Sin embargo, la pandemia tendrá un impacto más duradero. En julio, el gobierno anunció que tenía planes para reabrir la frontera a otros países “seguros” antes del 1 de septiembre.

Pero al aumentar los casos en Australia y Nueva Zelanda, el plan comenzó a retrasarse.

Tarivonda, que forma parte del grupo de trabajo fronterizo junto con funcionarios del gobierno, del sector del turismo y de las aerolíneas, admite que están “casi de vuelta al punto de partida” y no tienen una nueva fecha para la reapertura.

Los viajes transfronterizos más pequeños pueden ayudar a Vanuatu. El ejemplo más reciente es cuando el gobierno permitió que 172 trabajadores viajaran al Territorio del Norte, en Australia, durante seis meses para recoger mangos.

Aunque las remesas ayuden en la situación económica, no son suficientes en un país donde el 35% del PIB proviene del turismo.

Sin prisa

Pero, a pesar de esa necesidad de reabrir las fronteras, Vanuatu no se apresurará en hacerlo.

El doctor Tarivonda recuerda con preocupación el caso de Papua Nueva Guinea, que estuvo casi libre de covid hasta un fuerte aumento a fines de julio.

“Si el virus entra en el país, probablemente será como un incendio forestal, y lo que estamos viendo en Papúa Nueva Guinea refleja por qué estamos preocupados”, dice.

“Dadas nuestras limitaciones [de atención médica]y el contexto que tenemos en el Pacífico, la mejor opción es mantener el virus fuera de nuestro país el mayor tiempo posible”.

A medida que pasan los meses, aumenta la desesperación en los países cerrados del Pacífico.

Sin embargo, Jonathan Pryke, director del Programa de las Islas del Pacífico en el Instituto Lowry, no tiene ninguna duda de que la única opción para estos países es el autoaislamiento.

“Incluso si mantuvieran sus fronteras abiertas, sus principales mercados turísticos de Australia y Nueva Zelanda no estarían abiertos, ya que han cerrado sus propias fronteras”, dice.

“Así que solo habríamos conseguido lo peor de ambos mundos: una crisis de salud y una crisis económica. Tendremos años y años para ver cuáles fueron las decisiones correctas”.

“Pero echando la vista atrás, nadie duda de que cerrar fue la medida correcta para estos países del Pacífico”, concluye Pryke.

Países sin casos registrados de covid-19

  • Palaos
  • Micronesia
  • Islas Marshall
  • Nauru
  • Kiribati
  • Islas Salomón
  • Tuvalu
  • Samoa
  • Tonga
  • Vanuatu

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